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IncolelLEVEL 34

Incolel

Incolel's real name is Clara Celis. Clara is 71 years old, is located in Massachusetts / USA and has been a SingSnap member since May 1, 2008. She has a total of 77 public recordings that have been viewed 15,975 times and 181 achievement points.

I love and miss you all. I hope you are well,
Besos


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Recordings in Italian & Spanish - Mis grabaciones en Italiano y Español:
Cuando vuelva a tu lado - Maria Greever
Cruz De Olvido - Hermanos Zaizar
Dos Gardenias - Daniel Santos
Un Viejo Amor - Ana Gabriel

La hora del crepusculo
Ya Te Olvide - Rocio Durcal
Tarde - Rocio Durcal
Tres Palabras - Javier Solis
Luz Y Sombra - Marco Antonio Muñiz
El Comal Y La Olla - Tradicional Infantil
Payaso - Javier Solis
Cuando Tu Me Quieras - Javier Solis
Sola Con Mi Soledad - Marisela
El Que Mas Te Ha Querido - Dyango
Si Me Comprendieras - José Feliciano
Parece Que Fue Ayer - Vicente Fernandez
Triste Recuerdo - Antonio Aguilar
Amor Eterno (Mariachi) - Juan Gabriel
Esta Noche La Paso Contigo - Los Angeles Negros
Parli piu piano – Speak Softly, love
Regresa a mi - Jose Maria Napoleon
Diferentes – Rocio Durcal
Costumbres – Rocio Durcal
Sombras – Rocio Durcal
Algo de mi – Camilo Sesto
Cuando llores - Freddy Fender = Before the next tear falls
Almohada – Jose Jose
Cuando vuelva a tu lado - María Grever
Bachata rosa – Juan Luis Guerra
MAS - MORE
Querida – Sandro - (Honey
El Dia Que Me Quieras
Flor Sin Retoño
Que Sera De Ti - Thalia
Alma Con Alma

ESTUDIA - Elías Calixto Pompa

Es puerta de la luz un libro abierto,
entra por ella niño y de seguro
que para ti serán en lo futuro
dios más visible, su poder más cierto.

El ignorante vive en el desierto,
donde es el agua poca, el aire impuro.
Un grano le detiene el pie inseguro,
camina tropezando, vive muerto.

En esa de tu edad abril florido
recibe el corazón las impresiones
como la cera al toque de las manos.

Estudia y no serás cuando crecido
ni el juguete vulgar de las pasiones,
ni el esclavo servil de los tiranos.

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MATER ADMIRABILIS

Todos los hombres de todos los tiempos
aprendieron a hablar con esta palabra,
las luces de los cielos se encendían oyéndola,
los árboles de la tierra florecieron escuchandola,
y los pájaros la cantaron en sus nidos
y en el bramido de las fieras retumbaba.

Cuando nació la vida, todo dijo:...
¡Madre luz!, ¡Madre tierra!, ¡Madre agua!
y se prendieron los fuegos de los sacrificios
en las cimas broncas de las montañas.

Y la primera diosa de los hombres
fue la madre de aquel que bajaba
todos los días a fecundar al mundo
desde los cielos llenos de llamaradas.

¡Isis! – dijeron en el misterio de los templos
los sacerdotes de las mitras doradas.

¡Ceres! – cantaron coronados de rosas
los hierofantes de la Hélade blanca.

¡Astarté! – en los mares fenicios
gritaron las voces de los nautas.

Y hace doscientos siglos, en el tiempo
en que el tiempo no se contaba,
¡Kinich Kakmó!, ¡Madre de la vida!,
¡Madre de la fuerza!, ¡Madre de la llama!
¡En la gloria mística de los solsticios
clamaban en éxtasis nuestros padres mayas!

¡María!, en la hora de los evangelios
la luz de los cielos desciende a las almas
y en medio del claro vuelo de los ángeles
sobre los humildes llenos de esperanza;
la mujer que tiene un manto de luceros
y el dragón vencido bajo de sus plantas
mares de dulzura derrama en la tierra
y hasta ella los ojos dolientes levantan,
con sed de ternura y hambre de justicia,
y con voz de herida humanidad le llaman
¡Madre de Dios!,
¡Madre de misericordia!
y ella tiene al pecho, siete puñaladas
y en los ojos tiene siete estrellas fúlgidas
y lluvia de dones corren por sus lágrimas.

Dolor infinito y amor sin orillas,
¡Dolor y amor!, madre por divina gracia
¡Dolor y amor!, altas luces de la vida
¡Dolor y amor! grandes y eternas palabras.

Madre de los hombres, excelso prodigio
chispa de Dios dentro de la arcilla humana.

Mater dolorosa, la que siente al hijo
que al llegar al mundo, le rompe la entraña
la que luego gime junto al negro túmulo
de aquel que ya nunca volverá a besarla.

La que sufre el crudo martirio sin nombre
de los abandonos, que desvelos pagan,
pero que perdona, que perdona siempre,
y bendice el filo que le hiere el alma.

La que llora el hondo vacío de la ausencia
y todas las noches enciende una lámpara
y todos los días reza porque vuelva aquél
que está lejos y no dice nada.

La que entrega el hijo, cuando se lo pide
La Madre de Madres, que se llama Patria.
Madre del vencido sin lauro ni lucha!
Madre del que vence con fortuna y fama!

La que en el silencio de los campos santos
vestida de luto como sombra pasa,
con las manos llenas de flores humildes,
y los ojos llenos de fúlgidas lágrimas.

Mater amorosa que mece la cuna
¡Madre que sonríe, que sueña y que canta!
mientras los pañales pequeñitos lava
cuando el niño cierra los ojos que ignoran
las cosas terribles que la vida guarda.

La que peina y riza los bucles de oro
como en sol de fiesta, toda iluminada
la que a todo pecho de ilusión respira
la que borda luego la inicial de ensueño
sobre el joven pecho que revienta en ansias.

La que besa el laudo que ganó el artista
y la cruz que el bravo ganó en la batalla
la que aroma el lecho del galán que busca
besos de quimera en reja romántica
o besos prohibidos en la pecadora fiesta
que su sangre de incendio arrebata.

La que por un beso, sólo por un beso
casto y luminoso, sin dormir aguarda,
la que teje el velo nupcial de la hija
que de su regazo florido se marcha
a los brazos recios del que se la roba,
¡Porque así la vida, sin piedad lo manda!

La que luego enciende fuegos de alegría
y con rosas vivas el techo en guirnalda,
cuando el que ha sufrido retorna pidiendo
paz de nido para sus deshechas alas,
descanso y abrigo para su fatiga,
manos que se posen en sus frías canas
y otra vez canciones que arrullen su sueño
y otra vez caricias que curen su alma.

¡Madre de los héroes!,
¡Madre de los mártires!,
¡Madre del soldado que cayó en campaña!,
¡Madre del que sueña con la gloria arisca!,
¡Madre del que busca paz sin encontrarla!,
¡Madre del que vence con fortuna y fama!,
¡Madre de mendigos y de paladines!,
de triunfantes próceres y de obscuros parias.

¡Sean todas benditas en todas las lenguas,
por todos los hombres de todas las razas!

¡Mater admirabilis!
¡Santas madres nuestras!
¡Qué nos dieron todo sin pedirnos nada!

Antonio Médiz Bolio
Poeta yucateco

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